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En Penumbras... de Magda Robles

En penumbras es donde los sueños cobran vida, junto al crepitar del fuego y el danzar de las llamas...

Muerte de un poeta...


Esta mañana me dieron la noticia:
hoy ha muerto un poeta.

Se secó la tinta que corría por sus venas y le daba vida
al cambiar el pulso en verso por el tictac de un Swatch.
Se apagó la nostalgia infinita que le prendía del labio,
ese cigarrillo eterno que dibujaba espirales de tristeza
y que en cada calada calaba su máquina de sentir,
desoxidándola.
Ah, la tristeza… Se me olvidaba:
también dejó de tomar la dosis pertinente,
lo que tuvo nefastas consecuencias para su rima.
Asonante… consonante… disonante… se paró...
tras quedar sin letras.

Cambió el rumor escurridizo del mar
por el sabor de un ron en que mojar sus aguas.
Dejó de zambullirse en la pupila ajena,
y pasó a contemplar la falacia de su propio ombligo.
Y ya por último, a modo de despedida,
apagó la luna y recogió una a una todas sus estrellas,
que guardó en una caja etiquetada:
“Peligro, no usar- luces de latón y pastillas para soñar”.
(Que Sabina lo perdone, pues no sabe lo que hace).

Es posible que tras esto haya nacido un hombre,
mas hoy, os recuerdo, hoy ha muerto un poeta.

8 comentarios :

  1. Ayer se cumplieron 76 años de su asesinato...
    Las ejecuciones se realizan en la tapia del cementerio de Granada, un muro de algo más de dos metros. A veces, se llevan a cabo al amanecer, pero si se acumula el trabajo, se continúa por la noche, alumbrándonos con los faros de los coches. Casi todos los reos parecen resignados. Algunos lanzan vivas a la República, el socialismo o a la CNT. Otros mueren en silencio, cabizbajos, conscientes de su derrota, intentando no exteriorizar su miedo.
    No puedo olvidar el rostro de una mujer embarazada, que nos miró a la cara y gritó: “¡Sois los verdugos del pueblo! ¡Vivan los pobres del mundo!”. El piquete respondió con rabia. Había doce personas esperando la descarga, pero sólo cayeron tres o cuatro. Casi todas las balas se cebaron con el vientre de la embarazada.
    Esta noche hemos fusilado a cuatro hombres: dos banderilleros anarquistas, un maestro ateo y un poeta. Los banderilleros estaban destrozados por los golpes que habían recibido en los calabozos. Se habían significado mucho y se la tenían jurada. El maestro era muy conocido por sus ideas socialistas. Le faltaba una pierna y se movía con una muleta. No estaba demasiado magullado. Le habían pegado con menos saña. Al igual que los banderilleros, sobrellevaba su desgracia con estoicismo. El poeta tenía el rostro blanco. Le habían detenido en pijama y no le habían permitido cambiarse de ropa. Parecía ausente, con la mente perdida en un lugar lejano. Estaba asustado, con los ojos hacia dentro, ensimismado. Antonio Benavides está loco. Disfruta con esto. No le conocía hasta que se incorporó voluntariamente a mi pelotón. Es primo lejano de García Lorca. Hay un viejo encono entre sus familias. No dejó de insultarlo durante todo el trayecto. Le llamaba maricón, rojo, escritorzuelo. De vez en cuando, le ponía el cañón de la pistola en la cara. “¡Pim, pam, pum, fuego!”, exclamaba Benavides y se reía como una hiena. El cabo Ajenjo sonreía, pero sin alterarse. Es un hombre muy frío. No le afectan las ejecuciones. No le han enviado al frente por su edad. Tiene algo más de 50 años. Alguna vez ha comentado que le gustaría batirse en la sierra o en campo abierto, pero le gusta repetir que las guerras también se ganan en la retaguardia. Es el jefe del pelotón y nunca ha titubeado. Hace su trabajo con enorme seguridad en sí mismo, sin plantearse menudencias.

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    1. En "La Colonia", escuché algún comentario que cuestionaba la oportunidad de matar a un poeta tan conocido. No pude seguir la conversación. Sólo escuché palabras sueltas. El retumbar del molino enterraba las voces. Mientras circulaba el Buick, no cesaba de preguntarme en qué piensa un poeta cuando se aproxima a la muerte. No he leído sus libros y no creo que lo haga en un futuro. Imagino que los prohibirán. Ya se han quemado muchas bibliotecas. No me interesa la poesía, pero me gustan las coplas: “Ay, madre mía / ay, quién pudiera / ser luz del día / y al rayar la amanecida / sobre España renacer”. ¿Por qué no estoy con la columna que avanza hacia Madrid? Ahí también se fusila, pero hay combates, asaltos, tiroteos. Yo sólo empuño las armas para fusilar. Todas las noches. A veces pienso que me voy a volver loco. No me acostumbro a apuntar a la nuca y disparar. Es terrible acabar con la vida de un hombre de ese modo. Mis compañeros se familiarizaron en seguida con esta rutina. Algunos actúan con sadismo, especialmente los falangistas, pero la mayoría se comportan como si trabajaran en un matadero. Tal vez no resulte agradable, pero entienden que es necesario. Estamos limpiando España de rojos, judíos y masones. Alguien tiene que hacerlo y nos ha tocado a nosotros. No faltan voluntarios, pero hay muchos guardias de Asalto a los que se nos ha impuesto la tarea sin ofrecernos la posibilidad de elegir.

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    2. No hemos profundizado mucho, apenas un metro. “Es suficiente. Los enterradores harán el resto mañana. Acabemos de una vez”. Los reos bajaron al hoyo mientras les apuntábamos. Algo rezagado, el maestro perdió el equilibrio y rodó por el suelo, dejando la muleta atrás. Benavides lo levantó de mala manera y lo arrojó a la fosa, propinándole una patada en un costado. Cayó de bruces, hundiendo la cara en la tierra. García Lorca le ayudó a incorporarse, con los ojos llenos de lágrimas. “¿Por qué hacéis esto?” –gritó con desgarro-. ¿Por qué nos tratáis así?”. Benavides fue el primero en disparar. Todos le imitamos. Los cuerpos se desplomaron como monigotes, amontonándose unos sobre otros. El cabo Ajenjo hizo una señal con la mano e interrumpimos el fuego. Benavides sacó su pistola Astra y solicitó dar los tiros de gracia. “Adelante”, dijo el cabo. Benavides saltó al hoyo y disparó dos tiros a García Lorca, reventándole el cráneo. A los demás, sólo les disparó una vez. Después, recogió la muleta y la arrojó sobre los cadáveres.

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    3. texto de Rafa Narvona. Un abrazo poetisa, gran homenaje desprenden tus versos.

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  2. Impresionante texto de uno de los crímenes más atroces que tiñen esta ciudad... Y tras leerlo me avergüenza confesarte que fue(quizá existan, quizá no...)casualidad publicar mis letras en el día de tan funesto aniversario...

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  3. Me encantaría escuchar tu voz leyendo lo que has escrito, princesa.
    ¿No se te escapó una lagrimilla?
    Yo tuve que apretar los dientes.

    Gracias y besos, primor!!

    Ana Pastor.

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    1. Un poco culpable sí me sentí... espero que esta muerte del alma poca gente la experimente. Ahora que lo dices, tengo que hacer selección para ese mano a mano con el Maestro que con suerte será pronto... Quizá sea buena idea incluir este, ¿te parece?
      ¡Besos preciosa!

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  4. Que dolor me produce la violencia gratuita y ni las lágrimas por la perdida me redimen de la parte de culpa de apretar esos gatillos, da igual que yo no hubiese nacido. Solo habiendo sido violento, haber tenido envidia una sola vez me hacen cómplice de esa violencia que produce monstruos de ese nivel. Cada mal verso que produzco es deudor de esos otros que él ya nunca podrá escribir. Muy bueno Magda, realmente intimo y desolador.

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